Ella buscaba en el vacio del silencio algo que la llenara, algo que la inspirara a seguir viviendo... a seguir en pie. Las cosas no habia ido bien. Una de mis frases preferidas, o en la que me gusta creer, es que la vida se mide no por cuantas veces respiras sino por los momentos que te cortan la respiración. Y ese era uno de ellos, uno de esos momentos en los que crees que todo se vino abajo. Ella se sentía sola, estaba sola. Buscaba en la oscuridad a alguien que se había desbanecido en ella, como tragado por un agujero negro o raptado por uno de esos montruos que de chiquitos creemos que estan debajo de la cama. Ella no buscaba la verdad, ella necesitaba esconderse de la verdad. Necesita NO darse cuanta de lo que estabaa pasando. Sólo necesitaba dormir, soñar con que todo seguía como siempre, que ella era completamente feliz, tal como se sentía cuando lo tenía a el a su lado. El era un hombre totamente distraído, así lo describía ella. Y una de sus mayores distracciones fue dejarla de lado, olvidarse de su existencia. Ella y el, juntos, estaban completamente locos. Ella, sin el, no era nada. Era una tarde gris, sin sol ni tormenta. Ella no sabía fingir sonrisas.
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